Sunday, June 24, 2007

La raya

Ignacio Sánchez Cuenca, inspirador de la política gubernamental en el asunto del terrorismo, nos explica nuestro error con desdeñoso tono profesoral.

Todo esto, francamente, es un disparate. No tiene mucho sentido decidir con criterios morales si negociación o derrota. En teoría, son dos medios para conseguir un mismo fin, la desaparición del terrorismo. Su uso debe venir dictado por las circunstancias.

(No cabe aquí enredo con los significados. Negociar, en boca de I.S.C., significa negociar: no organizar la rendición, sino un toma y daca, que cada uno ceda una parte para solucionar el conflicto. Adaptar en parte nuestras leyes para que a ellos les valgan).

Pues ahí está la raya, pintada con nitidez en el suelo por quien se sitúa al otro lado. Unos creemos que sí es una cuestión moral, es más, que es una cuestión moral básica, ineludible. Otros creen que no, que es instrumental, que lo único que importa es que dejen de pegar tiros. Por favor, vayan poniéndose cada uno a un lado, será más fácil contar.


Contra la falacia instrumental, una síntesis perfecta leída en el blog de Santiago González: ¿no se dan cuenta de que el fin último de ETA es negociar?

Sunday, June 17, 2007

Pues eso

Que si alguien tiene una mejor explicación, si alguien puede rebatir alguna de estas frases, que venga y lo diga:

Los hinchas mediáticos progubernamentales tratan de convencernos de que la ruptura por ETA de la tregua que nunca existió demuestra que el Gobierno no hizo concesiones políticas a la banda. Hombre, es cierto que las truculentas acusaciones de 'alta traición', 'rendición' y otras semejantes resultan exageradas, hasta el punto de que a veces -sobre todo cuando se hicieron de modo anticipado a los acontecimientos- terminaron minando bastante la credibilidad de los críticos. Pero que hubo concesiones, imprudentes concesiones, indebidas concesiones, resulta evidente: lo único que demuestra la ruptura de la tregua es que no fueron suficientes para lo que deseaba el equipo terrorista. ETA es como otras fieras de mejor índole: se la puede rendir por hambre, pero si se la alimenta a poquitos se le despierta a cada bocado un apetito más voraz. La fundamental concesión política fue admitir (al principio, en cuanto acabase la violencia y después, ya aunque no acabase del todo) que habría una segunda mesa para reinventar junto a los demás partidos, pero fuera del Parlamento, la nueva hegemonía nacionalista en el País Vasco. En esa mesa es obvio que debía hablarse de política, es decir, de la política que conviene al nacionalismo radical porque de la otra, de la que nos conviene al resto de los ciudadanos, ya se habla en el Parlamento. Y a lo largo del verano de 2006 se mantuvieron contactos con los portavoces etarras (uno de ellos público, la célebre entrevista de los líderes socialistas con Otegi y sus comisarios de armas tomar: ¿Acaso ese reconocimiento como interlocutores 'normalizados' no es una concesión política?). Por lo que ahora se ha sabido y publicado (pero ¿desde cuando se sabía todo esto? y ¿por qué si se sabía no se publicaba?), estos encuentros culminaron en una reunión en Loyola, durante el mes de septiembre, en la que se acordó un borrador de trabajo político entre los socialistas, Batasuna y un reticente Josu Jon Imaz llegado a última hora. Después ETA subió la apuesta -ya se sabe, el apetito de la fiera- y todo se fue al traste. Pues bien: ¿Por qué no se publica ese borrador? Si no se hicieron ni se pensaban hacer concesiones políticas, ese documento es la mejor forma de demostrarlo. A ver, que aparezca el borrador y que sepamos de una vez de qué iba a ir la mesa de partidos

Friday, June 15, 2007

Lo firmo todo, pero todo

El Nudo Gordiano de la paz
TOMÁS FERNÁNDEZ AÚZ.
El Mundo. 15/06/2007
Ahora que Zapatero reconoce su error por vía de facto, no estará de más preguntarnos qué ha podido servir de cimiento a su am­bición. ¿Cómo logra instalarse una atmós­fera política en la que no sólo una parte de la ciudadanía llega a considerar válida la solución de la «doble mesa» propuesta por una banda te­rrorista, sino que la propia elite política, con el presidente del gobierno a la cabeza, contempla la creación de instru­mentos para la superación del conflicto? Ayer mismo, Za­patero reiteraba el mantra del final negociado.
¿A qué se debe que aún hoy, después del retorno de ETA a las andadas, un 68% de los ciudadanos vascos crean que el diálogo sigue siendo necesario? Mientras la socie­dad civil no resuelva estas incongruencias, nacidas de la ignorancia, el miedo, el oportunismo político y la pereza intelectual, seguiremos expuestos a nuevas atmósferas de resolución visionaria que nos abocarán a una repetición ad infinitum del último fiasco.
Todo sucede como si la sociedad, y lo que es peor una parte de su cúpula dirigente, no confiara en el carácter ple­namente democrático de sus instituciones, como si una in­comprensible mala conciencia hubiera venido a dar de al­gún modo en la ridícula, por no decir sarcástica, acepta­ción del «déficit democrático» que agita la propaganda ra­dical. Y dado que es muy probable que una de las causas de esa mala conciencia estribe en el constante lavado de cerebro abertzale, contra el que no se actúa -aún siguen ahí, por ejemplo, las mentirosas pancartas que acusan a todos los partidos democráticos de decir «No al proceso de paz»-, conviene desmenuzar el que es su principal efecto.
Por ese mismo lavado de cerebro se convencieron algu­nos de que había que crear una mesa política en la que, partiendo del reconocimiento de la existencia de Euskal Herria y de un conflicto derivado de una opresión, los par­tidos se comprometieran a introducir en la Constitución los cambios precisos para proporcionar amparo jurídico a esa realidad asumida por las buenas.
De ese absurdo por el que se regala al nacionalismo ra­dical la primera de sus premisas, la única necesaria y sufi­ciente, pues de ella derivan todas las demás, brota el com­bustible que mantiene aún en marcha la desvencijada ma­quinaria del chantaje violento.Lo que la democracia exige es justamente lo contrario: demuestre el nacionalista radical esa existencia manifiesta que tan obvia le parece (y consígala por medios democráti­cos). Surgirá así a la luz toda la dificultad de probar una fala­cia.
Un 11% de votos -atentados y emigra­ción incluidos- no re­vela precisamente que exista esa nación llamada Euskal Herria de tan intensas ansias de concre­ción. El hecho de que tres provincias francesas no quieran saber nada de una eventual secesión de Francia y su poste­rior integración en un Estado vasco indica más de lo mis­mo. Que una autonomía española -Navarra- tampoco se reconozca en esa quimera, y que una provincia vasca -Ála­va- sea tradicionalmente refractaria al nacionalismo, in­cluso al moderado, son datos intraducibles al idioma pri­mordial de la Euskadi sojuzgada.
Todas las manifestaciones contra ETA, clamorosas y abrumadoramente mayoritarias, son palmarias negacio­nes populares de la criminal defensa etarra de la nación humillada. La misma posesión de una lengua común, dife­renciada, en la que una mayoría de nacionalistas, radicales o no, cifra la prueba del nueve de su realidad nacional, re­sulta cuanto menos titubeante, habida cuenta de que trein­ta años de gobiernos nacionalistas volcados en la promo­ción obsesiva y discriminatoria del euskara apenas arrojan un saldo de utilización superior al 20%...
La democracia es justamente la mejor opción de los na­cionalistas: sólo ella permite verificar sin riesgo la exacti­tud de sus dogmas, una precisión nada superflua, pues to­dos sabemos, los nacionalistas los primeros, adónde con­duciría la pirueta si resultara que las alegaciones, carentes de trasfondo real, no fueran sino un modo de ejercer una permanente presión ventajista sobre el Gobierno central.Demuestren pues los nacionalistas su verdad, renun­cien los armados a las armas, dénse tiempo para recuperar lo que, según ustedes, se ha perdido por causa de la opre­sión misma, ganen credibilidad para sus propios supues­tos, convenzan a los indecisos, seduzcan a los escépticos, aumenten su masa social, aquí y en todos los territorios que reivindican, obtengan resultados electorales claros, sostenidos y meridianamente orientados a esa soberanía total que dicen perseguir, y entonces el sistema activará los mecanismos con que ya cuenta para la materialización por medios jurídicos, legales y democráticos de lo que su particular banda de fanáticos trata de imponer mendaz y despiadadamente a base de bombas y tiros en la nuca.

Wednesday, June 06, 2007

¿Unidad?

Tras el redundante comunicado de ETA (¿volver a las armas, dicen ahora? ¿pero las habían dejado?) y el discurso de ayer del presidente lo primero que cabe anotar es que las posturas siguen igual. Los terroristas están donde siempre han estado, y el gobierno español continúa en el terreno en que lo situó su titular oficialmente hace un año. De hecho sus palabras son prácticamente intercambiables con las que iniciaron el proceso de negociación (tal como ha mostrado finamente Caraballo).

Ese terreno no es el mismo que han pisado los anteriores gobiernos. Es radicalmente distinto. Donde antes se consideraba la posibilidad de indultos y reducciones para facilitar la entrega de armas, ahora se habla (se sigue hablando, lean el discurso) de la creación de un nuevo marco político donde todos puedan defender democráticamente sus ideas. ¿Cómo se puede sostener que es lo mismo? Este gobierno reconoce una insuficiencia democrática en el marco actual, acepta la existencia de un conflicto político previo a la violencia, admite la necesidad de modificar el marco institucional para acabar con terrorismo, propugna el mecanismo de las mesas políticas de negociación como parte indispensable del proceso. Todo lo contrario de lo que firmó en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Todo lo contrario de lo que sostuvieron todos los gobiernos anteriores. Todo lo contrario de lo que sostiene la oposición. Y en coincidencia con los postulados de todo el nacionalismo vasco.

Por eso no entiendo los llamamientos a la unidad. Cuando se tienen enfoques tan diferentes sobre una cuestión no es de recibo pedir unidad. Lo que es urgente y necesario, lo que desesperadamente necesitamos los españoles es claridad. Que el gobierno explique su postura sin pretender que es la contraria, que la defienda con argumentos comprensibles, que la apoye con las acciones ejecutivas que crea necesarias. Y que la oposición la discuta racionalmente, sin apelar a mitos ni a visceralidades. Que acudan a las elecciones cada uno con un programa diferente en asuntos de terrorismo, como corresponde y es normal cuando los conceptos son tan distintos. Entonces los españoles decidiremos, y si una mayoría entiende que hacer concesiones políticas a los terroristas (con el límite de la ley, sólo faltara) con tal de que dejen de matarnos es mejor que resistir y tratar de vencerlos, pues qué se le va a hacer. Pero ninguna mayoría legitimará una política que no vaya claramente expresada en el programa. Si el PSOE insiste en ser a la vez una cosa y su contraria conseguirá tal vez conservar más votantes, pero prolongará esta agonía indefinidamente. Y los españoles no nos merecemos eso.

Sunday, June 03, 2007

Ahora

Una vez más, me gustaría tener la posibilidad de forzar a la gente a dar su opinión antes de que las cosas ocurran, no después. Porque después es muy fácil (bueno, fácil para determinado tipo de personas entre las que no me encuentro) acudir a razones fingidas y hacerse creer a uno mismo que siempre ha estado de acuerdo con el hecho consumado, que eso y no otra cosa es lo que siempre habían deseado.

Me gustaría, digo, saber de boca de los votantes del PSOE si creen que su partido debe pactar en Navarra con los nacionalistas vascos. Y si así lo creen, por qué. Pero me voy a quedar sin saberlo, claro. Llegará seguramente el pacto y entonces sí, entonces me hartaré de escuchar por qué era lo natural y lógico y beneficioso para todos.

Thursday, May 31, 2007

Cosas raras

Es cierto que todos los días se pueden leer los mayores disparates sin buscar mucho, pero esto que trae El Mundo, firmado por un tal Fernando Garea, me parece difícilmente superable. El artículo, sin citar fuentes, pretende reflejar las ideas del Presidente sobre pactos en Navarra. Lo de menos es que acierte o no, que refleje o no esas ideas (uno diría que no, que el conducto oficial para conocer los productos del cerebro presidencial es su amigo Azpiolea). Lo que encuentro asombroso es simplemente que se pueda escribir este párrafo y no caiga un rayo del cielo:

En todo caso, se trata de buscar un gesto hacia la coalición que lidera Patxi Zabaleta y en la que se integran desde los nacionalistas vascos a Aralar y otras formaciones de la izquierda abertzale. La tesis es que, después de meses de pedirle a la izquierda abertzale que condene la violencia y entre en el juego político, no sería lógico enviar ahora a la marginalidad a una formación que lo hace claramente. Según esta tesis, si ahora que se puede integrar a esa izquierda abertzale pacífica en las instituciones se le cierra la puerta, sus votos pueden ir en la próxima cita electoral a ANV, Batasuna o la marca que tengan entonces.
¿Enviar a la marginalidad? ¿Integrar en las instituciones? Pero, ¿nos hemos vuelto locos o qué? Ahora resulta que si un partido no gobierna (independientemente de los votos que saque) lo estamos enviando a la marginalidad. Como al PSOE en Madrid o al PP en Extremadura, supongo. Muy mal estamos si hay que repetir obviedades como esta: un partido que se presenta a las elecciones, obtiene representación y la ejerce está plenamente integrado en las instituciones, y no necesita ser atraído hacia un sistema en el que participa. La propia coalición navarra debería ser la primera en darse por insultada y desmentir esos absurdos términos.

Es de esperar que esto no sea más que una muestra de analfabetismo político del periodista y de quienes aceptan el texto para publicación. Pero mucho me temo que hay detrás una serie de falsas ideas bastante extendidas, una especie de síndrome de Estocolmo colectivo según el cual el nacionalismo debe gobernar siempre, le voten o no, y si no gobierna le estamos infligiendo un agravio intolerable que explicará cualquier reacción por su parte.


Actualización: no es definitivamente una idea aislada. Véase el editorial de El País.

En teoría existe, por tanto, la oportunidad de integrar a esa minoría y de dar satisfacción a algunas de sus reivindicaciones en terrenos como la lengua, sin ofender a la mayoría. Y aunque sería exagerado hablar de mandato de las urnas, existe por primera vez en muchos años la posibilidad de intentarlo.

Tuesday, May 29, 2007

Resultados

Hay dos tipos de valoraciones postelectorales: las que se limitan a analizar el equilibrio de fuerzas, las posibilidades objetivas de pactos, la rentabilidad juzgada a posteriori de las estrategias (esto es, las que se parecen a los comentarios tras una jornada de liga) y las que se aventuran en el cada vez menos transitado territorio de los contenidos. En el primer enfoque caben la objetividad o el forofismo, pero los criterios son siempre ajenos a las propuestas políticas. A mí esto no me interesa mucho, aunque lo sé hacer tan bien como cualquiera: mi conclusión en este nivel sería que mientras el PSOE mantenga la actual capacidad casi infinita de pacto resultan irrelevantes las mayorías que pueda conseguir el PP y se ve muy lejano un cambio de gobierno.

En cuanto a los contenidos, y centrándonos en el problema del terrorismo, las conclusiones son desoladoras. Me parece peregrino pretender que el votante de Almería o Albarracín tiene en mente a ETA cuando elige ediles, pero tampoco creo que en Zaráuz o Mondragón importen más las aceras que las banderas, en afortunada expresión de Azcuna. Las banderas, las metralletas, los presos importan en el PV, en cualquier caso. Y el PSOE ha conseguido allí un respaldo importante que no debemos circunscribir a su pericia en tapar baches, sino más bien extenderlo a su politica de apaciguamiento y cesiones frente al terrorismo. No se puede tampoco atribuir este respaldo a desconocimiento o error inducido: los intentos gubernamentales por aparentar una postura contraria a la que de veras mantienen no han engañado, creo, a nadie, y menos a sus electores (valga de muestra el titular de El País, abandonando el disimulo: Batasuna consigue X alcaldías). No, todo apunta a que los numerosos votantes del PSE saben como cualquiera que el gobierno ha permitido a ETA presentarse, que ha renunciado a juzgar a Otegui, que ha cuasi indultado a De Juana, que mantiene vivo el proceso y que no ha dejado de reunirse con ETA, que el PSE se reunía con ETA recién firmado el Pacto antiterrorista. No ignoraban tampoco los principios en que se basa en general la política socialista, la aceptación de que hay un conflicto político y la búsqueda de soluciones políticas en las que se acepte parte de lo que ETA reivindica para que así deje las armas, plasmado todo ello en una mesa de partidos. Y eran por fuerza conscientes de las transparentes mentiras con que una y otra vez ha tratado el gobierno de disimular esos actos y estos principios. Sería un insulto a esos votantes considerarlos ignorantes de todo ello: mucho más justo y atinado es concluir que no les importa, que les parece de perlas. Es lo que hay.